Publicada originalmente en El Mostrador, con el título “Grupos de estudio Fondecyt y evaluación de proyectos: Lo urgente es el financiamiento

Antonia Larraín. Académica Universidad Alberto Hurtado. Miembro Grupo de Estudio de Educación FONDECYT
Antonia Larraín. Académica Universidad Alberto Hurtado. Miembro Grupo de Estudio de Educación FONDECYT

Estimada Natalia:

No estamos de acuerdo en la mirada que tenemos de Fondecyt, y es esperable. Creo y valoro los desacuerdos especialmente en su rol para avanzar. Pero creo que compartimos la convicción de que es urgente una política científica que sea capaz de dar una institucionalidad adecuada para hacernos cargo de las complejidades que enfrenta actualmente la investigación científica y producción artística en todos los ámbitos del saber y producción cultural.

No me parece un argumento válido justificar la crítica a Fondecyt por su origen en la dictadura cívico-militar. Creo que los problemas también tienen que ver con la propia comunidad científica (como ya argumenté); con la dificultad de contar con un presupuesto adecuado a los desafíos que enfrenta que permita no solo financiar los muy buenos proyectos, sino retribuir el trabajo de funcionarios y personal técnico de manera justa y adecuada a la ley vigente; y con la dificultad de adecuarse al grado de dinamismo de la producción científica, tanto en términos de la configuración de áreas del saber, como de los estándares de calidad. Y en este punto creo que si bien se puede hacer mejor y hay que hacerlo mejor, Fondecyt hasta ahora lo ha hecho bastante bien.

Pero Fondecyt no puede solo. Requiere ser parte de una orgánica que en su conjunto se haga cargo de una complejidad cambiante y en evolución, y que permita darle un valor y lugar a la investigación científica y producción cultural en el diseño de lo que queremos que este país sea en el corto, mediano y largo plazo.

Creo que es urgente que como comunidad científica sostengamos un debate justo con el trabajo ya realizado, serio en miras al futuro y razonable. Este debate debe sostenerse en un (o unos) diagnóstico(s) en base a evidencia de distinto tipo pero de calidad, y no en base a slogan generales y argumentos ideológicos. De lo contrario corremos el riesgo de perder el foco y abogar por cambios que suenan bien, son altamente persuasivos por su poder estético y retórico, pero pueden ser poco relevantes y no asegurarán un avance real y de fondo. Es lo menos que le podemos entregar al país hoy como comunidad científica. Sostener y demandar un debate responsable que nos permita poner nuestros desacuerdos en función de lo que ya no puede esperar más: conseguir un compromiso del estado con la producción científica y cultural para el desarrollo social del país.

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