Matías Ayala

Investigadores en Artes y Humanidades

 

29 mayo 2017 El mostrador.cl

 

El proyecto de Ministerio de Ciencia y Tecnología (CyT) que se ha hecho público a principio de año puede considerarse un buen diseño que intenta conjugar las instituciones actuales que financian investigación y sus políticas públicas en un nuevo organismo. Este nuevo ente tendría un Consejo Nacional (“de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo”) el que diseñaría las líneas estratégicas de la política científica para un Chile sustentable y desarrollado. Esta sería la “Estrategia” que se entregaría a la Presidencia como un texto que debiera guiar las decisiones que toma en su mandato. Por eso, el Consejo, compuesto de personas formadas en la ciencia, tecnología e innovación, se preocuparía por las tendencias a largo plazo y, en términos políticos, sería solamente consultivo.

 

En contraposición, se encuentra el Comité Interministerial (“de Ciencia, Tecnología e Innovación”), presidido por el propio Ministro de Ciencia y Tecnología, el que se preocupará, en cambio, por la Política a corto plazo. A primera vista, un Consejo con mirada de largo plazo y un Comité encargado de las problemáticas de corto plazo podrían parecer figuras complementarias, plausibles y viables. Sin embargo, esto no es así.

 

El proyecto de Ministerio de CyT que tiene el gobierno en el Congreso tiene dos defectos estructurales que es imprescindible corregir si queremos que el Ministerio realmente “ordene” las políticas de investigación en Chile. La buena noticia es que estos dos elementos tienen solución, aunque para esto se necesita la voluntad y la flexibilidad de hacer algunos cambios.

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PIE DE FOTO. Esta imagen, tomada de la presentación oficial, muestra el organigrama del Proyecto de Ministerio de Ciencia y Tecnología. Ahí se puede ver las relaciones entre el Consejo Nacional (arriba) y el Comité (más abajo) las que pasan siempre por la Presidencia.

 

 

Primera observación: el proyecto de Ministerio de CyT propuesto es marcadamente presidencialista. En ella recae todo el poder y toda decisión. Así, queda a discreción de la Presidencia adoptar la Estrategia sugerida por el Consejo Nacional como el diagrama muestra con claridad. Esto tiene como consecuencia que la Estrategia del Consejo Nacional pase de ser una política de Estado a ser convertida en una mera Política de Gobierno pasajera y coyuntural. Nada asegura ni incentiva que el Comité Interministerial siga al Consejo Nacional, de la misma forma que no hay nada que fuerce que la Política tenga que considerar la Estrategia. De esta manera, la mirada a corto plazo se impondría inevitablemente a la mirada a largo plazo.

 

Para que el Consejo Nacional pueda cumplir su tarea de elaborar una política de largo plazo debe tener como función algo más que asesorar al Presidente de la República con una Estrategia a largo plazo. Debe tener poder resolutivo y una cierta autonomía. Sólo así el Consejo Nacional podrá articularse con la Política del Comité y velar que la Estrategia se cumpla. El Consejo Nacional, por ejemplo, podría vetar, comentar y ayudar que la Política del Comité para que haya una relación en Estrategia y Política, entre el largo plazo y el corto. Esta relación es necesaria para que este proyecto de Ministerio sea una política bien pensada. Sin esto, el Consejo será en la práctica sólo un organismo decorativo.

 

La segunda observación apunta a la composición del Consejo Nacional. El proyecto de Ministerio de CyT debe garantizar la diversidad de la comunidad académica, científica e investigativa en el Consejo Nacional. Para esto debe pensar en dos elementos: por una parte, la pluralidad profesional y disciplinar de sus consejeros, y por otra parte, permitir la equidad en la representación de voces y votos en el Consejo. Dado que el Gobierno no ha hecho pública su propuesta de Consejo, como Investigadores en Artes y Humanidades proponemos que al menos 1/2 de los consejeros sean investigadores y académicos (de saber no-aplicado), que ellos sean de distintas generaciones, espacios regionales y tipos de instituciones.

 

Además, es necesario que la Estrategia, como política de Estado, sea un lugar de encuentro entre las distintas visiones de la investigación y la innovación. Por esto, proponemos que la Estrategia de CTI sea aprobada por 3/4 del Consejo. Sólo a través de la diversidad y el diálogo el Consejo Nacional podría hacer una Estrategia de CTI legítima, coherente y articulada.

 

Se podría contra argumentar y decir que el Proyecto de Ministerio afirma que tendrá “espacios de participación y mecanismos de diálogo (…) a nivel nacional y regional.” Pero el texto nunca asegura ni establece cómo será esa participación, menos su calidad o un marco temporal necesario para que se lleve a cabo. En especial, el proyecto de Ley menciona pero no asegura que la participación será tomada en cuenta. La historia reciente de Chile es pródiga en ejemplos en donde comisiones asesoras, consultivas y participativas trabajan de forma gratuita y cuyas recomendaciones, fruto del debate, son desechadas con rapidez por el gobierno preocupado del corto plazo.

 

Por esto, para convertir las instancias institucionales en espacios de diálogo efectivo e innovador planteamos que tres meses antes de la presentación de la Estrategia a la Presidencia esta deberá ser publicada con el fin de que organizaciones y representantes de la Sociedad Civil puedan realizar sus indicaciones de forma pública y escrita frente a el Consejo Nacional CTI. Este, a la vez, deberá responder de forma pública y escrita. De forma, similar, el Comité deberá hacer una declaración pública y por escrito en donde exponga la relación de su Política propuesta con la Estrategia. Todas estas declaraciones públicas y escritas tendrían por objetivo fomentar el diálogo, aumentar la participación y legitimar la políticas de ciencia, tecnología e innovación del gobierno.

 

En resumen, el proyecto de ley de Ministerio de CyT necesita ampliar sus procedimientos participativos y democráticos; a la vez que asegurar la representación de comunidades. No hay que temerle a la democracia. La actual participación de la comunidad científica en Conicyt, que está en los Consejos Superiores (y los Grupos de Estudios de Fondecyt), no se traspasaría al nuevo Ministerio. Por esto, hay que empoderar y democratizar el Consejo Nacional para que las políticas de investigación en ciencia, tecnología e innovación sean compartidas, coherentes y productivas. Ya pasó el tiempo en que los “expertos” y las “cocinas políticas” aseguraban lo mejor y lo viable para las políticas públicas. Sólo a partir de estos cambios, creemos los Investigadores de Artes y Humanidades, un Ministerio de CyT podría entregar al país lo que realmente se necesita: una institucionalidad moderna y democrática que garantice una política de Estado para el desarrollo de la ciencia, las humanidades y las artes junto a la tecnología e innovación nacional.

 

 

 

 

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